“¿Cuál es la naturaleza de la distancia que media entre mi cuerpo y el mundo? ¿Por qué no puede el cuerpo - no sólo el cuerpo del sujeto, sino el cuerpo social mismo - liberarse del dolor?
Cuando pensamos en los inicios del registro en el Arte y lo comparamos con nuestros días, nos damos cuenta de los cambios potentes que va mostrando el hombre al caminar por los años.
A veces perdemos el rumbo de nuestras vidas y ya cuando realmente nos damos cuenta de dónde estamos, el mapa está de sobra... Siento que no nos atrevemos ha abrir la ventana y a mirar todo lo que podemos realizar, darse el tiempo de poder crear y perturbar el ojo, sentir las manos húmedas que sólo una obra las seca...
En el siguiente análisis quise ligar profundamente a Lygia Clark, además tuve acceso a una de sus obras y pude sentir lo que ella en algún momento pretendía... Es difícil tener dirección “a bichos” y hablar con tanta cautela y base de lo que puede ser; ahora, pude ver solo una obra de ella y éste será mi mas fuerte ejemplo.
La obra “de la serie bichos” está hecha de aluminio, por lo mismo a la vista es algo lavable, no oxidable, movible, que es parte de nuestra sociedad, de la cocina, o la ventana; pero en un formato amable e inconsecuente con la forma.
Uno de los elementos que lleva esta obra y que intenta mimetizarse; es la bisagra la misma que abre y cierra elementos, la que cuida y da un aire renovado, en este caso nos da movilidad, la capacidad de sentirnos artistas con un elemento ya hecho.
Cuando pasaba y veía la obra de Juan Carlos Distefano “tres versiones” sentía nuestra postura, vernos en tres versiones distintas, con colores muy bien trabajados, pero que “hipócritamente” -muy bien observados- son iguales.
La mayoría de la “obras permanentes” del museo Solidaridad Salvador Allende sobresalen del cuadro regular, del marco bronceado o dorado, intentan estar cerca del receptor y se arrugan la ropa para que inconscientemente uno tienda a estirarla, el ejemplo mas notable es de Manolo Milches la “antropofauna”, Jesús Rafael Soto “tes con brique” o la escultura de metal, de Alberto Guzmán “tensión”. Todas quieren estar y sobresalir por muy metálicas o rayadas que estén... Se crearon por una necesidad y nuestra misión es buscarla... Me emocionaba la obra de Jordi Teixidor que no tenía titulo pero que solo al verlo me daba cuenta que intentaba respirar, que quería ser cinético y mas bien real, quería pintar la sala y llenar nuestros pulmones de vida.
Siento que la idea de Clark y otros artistas no están concluidas, me refiero a que hay un cierto miedo a tocar la obra, lo conversábamos en clases; miedo a que se rompa o que por ultimo no sea el objetivo del cuidador o del mismo autor. Sin ir mas lejos Lygia Clark lo que hace es por una idea de “cura”, de sanar con y para el Arte. Pero... ¿Es así como le respondemos a la obra?
Ya teniendo clara las observaciones del tema principal no puedo dejar de hablar del museo y del comportamiento que había en él; recuerdo que la gente se agachaba e intentaba poner sus cabezas en las mejores posiciones para así comprender y disolver bien el proyecto antes de lograr una idea completa. Pero qué diferente hubiera sido sentarte en el suelo, tomar la obra, manipularla y dejar que las Physioromie de Carlos Cruz Diez te miren e intenten dar colores armónicos y quizá lograr un regreso a la infancia, o mas aun, dejarla arriba o al lado de “Istahan III” de Frank Stella y sentir como la pupila se ilumina y no solo por el brillo de aluminio; si no por los colores que llenan éste, dando una tranquilidad y diversidad a nuestra cabeza...
No quiero ser majadero en la propuesta; pero si hoy vemos con tanta emoción los cambios del Arte, por qué no podemos ver y organizar lo diferente que puede ser el contexto, democratizar de una vez por todas el entorno físico del arte, no quiero que se vea un análisis cerrado, al contrario; abierto y con propuestas... Entiendo que hay Arte didáctico, ¿Pero es tan así en los museos “tradicionales”?, mis ultimas conclusiones se desglosan de lo que viví en el lugar y pensando en los objetivos iniciales de la obra, además el formato y los que expande un museo, lo sintetizan en gran parte esta crítica.
Sin duda se agradece este estilo, aunque claramente se ve pobre hablando de cantidad y el lugar expuesto; podríamos tenerla en el patio, o la entrada del museo, donde los niños y los no tanto; puedan vivir y quizá hacer la tarde dominical un juego en conjunto con el Arte, de una u otra forma necesitamos promover y provocar un terremoto fuerte en el pensar y hacer el Arte un objetivo y solución a la vez.
Junio 2005
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